De A Fonsagrada a la Seimeira de Vilagocende


Vamos a conocer la "Fervenza más grande de Galicia" y también la más visitada y conocida, por ello elegimos la primera hora de la mañana para encontrar a la menos gente posible. Sabéis los que me seguís en el blog que odio las aglomeraciones y el turismo de masas, pero hay que visitar lo conocido y lo menos conocido.
Creo que es la única forma de ponerlo en valor siempre desde el punto de vista del "turismo responsable" y amor a la naturaleza que procesamos.

Es a veces difícil viajar con niños, pero los que ya tenemos adolescentes me comprenderéis que es incluso más complicado. Buscar localizaciones de interés para todos, que no se aburran pequeños ni grandes, que no haya que andar mucho y lo suficiente para ver lo indispensable ...

Hemos elegido en esta ocasión pasar el fin de semana completo en tierras lucenses para aprovechar todo el tiempo posible, además siempre es más divertido e interesante el "dormir fuera de casa" lo que es un aliciente más para esos "adolescentes" y sacarlos de la rutina.


Madrugando bastante estábamos en A Fonsagrada a primera hora de la mañana que además coincidimos con la XXIII Feira do Butelo  para la cual tenían una gran carpa instalada al lado del Concello con muchos puestos de comida, artesanía y turismo. Pero eso lo dejaremos para luego porque preferimos acercarnos hasta la fervenza cuanto antes.

Para ello cogemos la carretera que va a O Fito y a Vilagocende que desciende entre bosques dignos de admirar y paisajes que no nos cansamos de contemplar. Poco antes de llegar al pueblo de Vilagocende ya encontramos la señalización y un pequeño aparcamiento a la izquierda de la calzada con la indicación "Seimeira de Vilagocende" (es como le llaman en esta zona a las cascadas) que es conocida también como Seimeira de Aldomán ya que también es un pueblo cercano en el que luego nos detendremos.


Comenzamos a descender por la pista que está recientemente acondicionada entre carballos y pinos, al principio es ancha y cómoda con unos cuatro metros de ancho y firme de jabre y gravilla que se estrecha en los últimos doscientos metros más o menos, hasta acabar en un sendero con barandilla de madera y unas pasarelas y escaleras para llegar hasta su parte inferior que resbalan un poco al estar mojadas. Nos sorprende ya al comenzar a descender unos metros, el sonido del agua de la cascada, y eso que aún nos falta cerca de un kilómetro para llegar.

En cuanto la visualizamos de cerca quedamos con la boca abierta, es sorprendente la gran caída de agua que forma el pequeño río Porteliña de más de 50 metros sobre las rocas que hace que se nos vaya la memoria a la del Toxa en Silleda


Hay quien dice que la ésta es menos bonita, que es mas pequeña... pues para mí es más espectacular, la veo con mas altura y el entorno es más "enxebre" con esa vegetación de ribera que lo cubre todo en forma de cuento, la humedad que se te mete en los huesos aunque estés un poco alejado de ella porque la neblina que forma la fuerza del agua, nos acompaña y además NO hay cobertura. La felicidad total 😉


A través de un puente de madera podemos pasar al otro lado y poder admirarla desde otro ángulo y una fuente con un agua riquísima y fría.


Bueno, al "adolescente" de la casa le ha parecido un lugar increíble y no para de hacer fotos para instagram 😃😃 ¡objetivo conseguido!


Pasar un buen rato aquí abajo disfrutando del entorno, del silencio, solamente oyendo el sonido del agua golpeando el paisaje... hemos cargado pilas para toda la semana! jaja

Nos toca desandar el camino para regresar hacia el aparcamiento donde hemos empezado a caminar. Ahora es subida, pero se lleva bien porque no es nada pendiente y nos vamos fijando en algún que otro carballo centenario con su tronco retorcido, el canto de los pájaros...  solamente un punto negativo que nos hemos encontrado. Un vertedero de electrodomésticos en una de las vertientes de la montaña 😡  qué triste que siga habiendo gente incívica en todos lados, sin respeto por nada ni por nadie.


De camino, aldeas como la de Aldomán que nos pareció una parada obligatoria por donde también pasa el río Porteliña.

Y de nuevo en A Fonsagrada, capital del ayuntamiento más alta de Galicia y puerta de entrada del camino primitivo hacia Santiago de Compostela.

Edificio de la antigua Casa Consistorial

Muchísima gente por sus calles que además había mercadillo de ropa, puestos de pan artesanal, antigüedades, y un largo etcétera


una carpa abarrotada de delicias gastronómicas de la zona además del famoso "butelo" y como consecuencia todos los restaurantes llenos hasta la bandera para poder coger una mesa para comer. Teníamos unos cuantos apuntados como recomendados: Restaurante Prados, Restaurante Cantábrico, Pulpería Caldeira... pero no hubo suerte y nos tuvimos que desviar hasta Barbeitos, a escasos 7 kilómetros, al Mesón Catro Ventos.


De plato del día tenían Cocido con butelo y de poste Pastel de A Fonsagrada, claro está, no nos resistimos. Totalmente delicioso, abundante y el mesón tiene una decoración muy cuidada situado en una casa de bajo y piso con dos amplios comedores. El precio por persona es de 25€, no es barato pero tampoco es caro ya que es lo que se suele pagar por los cocidos si además lleva butelo o botillo como lo llaman en el Bierzo.

Nos queda toda la tarde para seguir conociendo rincones por esta zona que es una desconocida para nosotros. Os seguiré contando...

Localización:




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