Castillo de Andrade el castillo del hambre


En la comarca del Eume  sobre una peña llamada Leboreiro y dominando el valle y la ría de Betanzos, se alza el medieval Castillo de Andrade o Castillo de Nogueirosa con su torre del homenaje como mirador y dominando las tierras que un día fueron dominio de la familia Andrade.

Rodeando la parte alta del castillo todavía se pueden ver los rastros de lo que fue su foso defensivo, no necesitándolo por el otro lado por hacer de barrera natural el gran roquedo sobre el que está construido. Se dice que esta peña fue pulida por varias partes para evitar el acceso de los enemigos y hacerlo inaccesible.


Fue mandado construir en el año 1369  pero no se finalizaría hasta 1377 como consecuencia del enfrentamiento entre su fundador Fernán Pérez de Andrade y los monjes de Sta. Mª de Sobrado dos Monxes.
Fernán Pérz de Andrade fue el primer señor de Pontedeume apodado como "O Boo" (el bueno, en castellano) perteneciente a una familia de gran linaje y señorío en la zona que al unirse en 1373 a la de Villalba, la Casa de Andrade alcanza el primer rango de la nobleza gallega. A él se le atribuye la construcción de siete iglesias, siete monasterios, siete hospitales y siete puentes.





Este castillo tuvo un papel fundamental durante las Revueltas Irmandiñas, quedando prácticamente destruido en 1467.
En el siglo XVII  pasó a manos de la Casa de Lemos cuyo escudo está en uno de los muros. También pasaría por manos de los Lerma y los Alba quienes lo restauraron durante el siglo XIX.

Hoy en día lo que más destaca es su Torre del Homenaje a la cual se accede por el patio de armas y es visitable, al menos en verano cuando nosotros hemos ido y en su parte alta se encuentra un mirador.

El castillo contaba con un aljibe o cisterna, un depósito subterráneo donde se recoge el agua de lluvia o de manantial, en la parte baja de la Torre, en el patio de armas. Se pueden ver restos de un pequeño canal a la altura del primer piso para recoger el agua de la lluvia y conducirla al aljibe.

Por su escaso tamaño se cree que su uso era exclusivo de defensa y no como residencia de la familia Andrade, ya que éstos vivían en el Pazo de los Condes en Pontedeume. Además se cree que existía un pasadizo que los unía.


Fernán Pérez fallece en 1397 sucediéndole su sobrino Pedro Fernández de Andrade. Tras él sería Nuno Freire de Andrade apodado como "O Mao" (el malo) que fue implacable con los monjes del Monasterio de Sobrado con quienes la familia siempre estuvo en litigio, sometió a sus vasallos a constantes alzas de impuestos para costear sus campañas de Castilla, por lo que los burgueses y marineros de las villas de Ferrol, Betanzos y Pontedeume se unieron a los campesinos para formar la llamada "Irmandade Fusquenlla".
Una hermandad dirigida por Roi Sordo que llegó a encarcelar en el castillo a la familia de Nuno Freire en el Castillo.
En el año 1431 la hermandad es derrotada con apoyo del rey Juan II y fallece Nuno Freire sucediéndole su hijo Pedro Fernández de Andrade.
Varios miembros de la familia fueron pasando por la sucesión del señorío de Pontedeume, hasta que llegaron las Revueltas Irmandiñas 1466-1474, un levantamiento popular contrario a los grandes señores feudales cuyo principal objetivo era destruir su elemento más visible y simbólico de poder, sus castillos. Unos 130 fueron destruidos en Galicia y entre ellos el Castillo de Andrade.



Leyenda del "Castillo del Hambre"
Al pasar por delante de este castillo, todavía hay campesinos en el lugar que se santiguan diciendo: "Que Deus teña na gloria os que morreron no castelo da fame", una plegaria que alude a una romántica y cruel historia entorno a un calabozo secreto que se dice existió en esta fortaleza y en el que dos jóvenes amantes fueron enterrados en vida a finales del año 1389.
Pedro López estaba a cargo de la fortaleza y enamorado de Elvira que era una de las doncellas de la señora de Andrade, amor que no le era correspondido.
Elvira estaba enamorada de Mauro, joven doncel y mano derecha del señor Conde.
Pasaba el tiempo y Pedro López cada vez soportaba menos la presencia de Mauro y su odio hacia él crecía día tras día.
Una tarde de invierno se tuvo que trasladar a Pontedeume para hacer unas gestiones para su señor y se encuentra a Elvira y Mauro abrazados en una de las habitaciones de la residencia del Conde.
Los celos se apoderaron de Pedro quien maldijo a la pareja de enamorados y les juró venganza.
A los pocos días Pedro ordenó a Zaid, un esclavo mudo y fiel, que secuestrase a los dos jóvenes y los llevase a uno de los sótanos del castillo al que solo se accedía por unas empinadas y oscuras escaleras. Allí en una húmeda y maloliente celda los amordazó y encarceló sin que ninguno de los dos se pudieran ver ni tocar.
Toda la familia estaba en su búsqueda pero al no tener noticias de ellos, todos creyeron que habían huido para defender su amor.
Meses más tarde, Pedro resulta herido de gravedad en una pelea con su escudero y el Conde Fernán Pérez de Andrade acudió a visitarle en su lecho de muerte.
Pedro aterrorizado en su lecho de muerte le confiesa al Conde:

“Señor, os pido perdón. Fui yo quien, por envidia y genio, enojado por el desprecio de la doncella de su señora, de nombre Elvira, encerró en los sótanos de la torre junto a vuestro doncel Mauro… Mi intención nunca fue acabar con sus vidas, sino vengar mi corazón roto causando un profundo sufrimiento a los amantes. El esclavo Zaid les llevaba de comer de vez en cuando, hasta que un día el joven y valeroso Mauro logró librarse de las cadenas y herir con el hierro al esclavo dejándole herido de muerte. Mientras el doncel intentaba liberar a la doncella Elvira, mi esclavo, hombre fiel hasta el final, se arrastró para alcanzar la poterna y, aunque cayó muerto a la entrada del calabozo, tuvo tiempo suficiente para cerrar el muro e impedir la salida de los dos jóvenes. Al cabo de las horas, cuando caí en la cuenta y lo eché en falta, bajé a los calabozos y encontré a mi esclavo muerto con la cabeza abierta y ensangrentada. ¡Tuve miedo, mi señor!, comprendía lo que había ocurrido y no me atreví a descorrer el muro nunca más. Los dos infelices murieron de hambre…”

El Conde que no daba crédito a lo que estaba escuchando, sacó su espada y se la clavó a Pedro en el pecho matándolo en el acto.
Bajó al sótano y descubrió los cuerpos sin vida de la pareja unidos en un abrazo.
Triste y desolado se encerró en el castillo hasta su muerte.


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